Posted by on Nov 1, 2013 in Film background | No Comments
Comentario de Philip Seufert, de FIAN International

En la provincia de Niassa, en el norte de Mozambique, una compañía, Chikweti, establecida con inversiones de iglesias suecas y noruegas y del fondo de pensiones holandés ABP, está creando grandes plantaciones de árboles. Chikweti no solo prometía a sus inversores una gran rentabilidad financiera, sino que también afirmaba que generaría empleo y que fomentaría la protección del medio ambiente y el desarrollo comunitario en la región. Parecía un proyecto con el que todas las partes salían ganando.http://youtu.be/xoQNhVg6qgQ

El documental sigue la historia de uno de los trabajadores, Amado, que desea mejorar las condiciones laborales de sus compañeros en la plantación que tiene la compañía Chikweti en la comunidad de Licole. Amado siente miedo y a menudo se ve intimidado, pero no desiste en su objetivo y se enfrenta a un sindicato apático, un gerente obstinado y un grupo de ancianos decididos a poner fin a sus acciones.

¿Conseguirá Amado el apoyo que necesita de sus compañeros de trabajo y de los campesinos de la zona para confrontar a la dirección de la compañía?

La fuerza de ‘Las semillas de la discordia’ radica en que muestra de forma visual lo que significa el acaparamiento de tierras para las comunidades afectadas y lo difícil que les resulta oponer resistencia. Casos como este pasan todos los días, en todo el mundo. Las comunidades se enfrentan a inversores que llegan con muchas promesas: empleos, ‘desarrollo’, dinero y un futuro brillante .

Los inversores tienen mucho dinero y, por lo general, cuentan con el respaldo de las autoridades. ¿Qué deben hacer las comunidades en esta situación? ¿Ceder sus tierras a los inversores? ¿O parte de ellas? ¿Tienen la opción de negarse a ello, de todas formas? ¿Qué pasa si no están de acuerdo? ¿Y qué pasa si los inversores toman más de lo que les corresponde y resulta que sus bonitas promesas resultan ser palabras vacías?

Los habitantes de Licole se enfrentaron a todas estas preguntas. Al principio, algunos vecinos y vecinas de la comunidad pensaron que era una buena oportunidad y que debían ceder parte de sus tierras. Otros se negaron. Después, resultó que la compañía también había tomado tierras que no se le habían cedido. Las escuelas, carreteras, iglesias y hospitales que se habían prometido nunca se construyeron. Algunas personas consiguieron un trabajo, pero estaba muy mal pagado y, al cabo de un tiempo, fueron despedidas.

La compañía alegaba que había consultado a todas las partes, pero la gente de la comunidad respondía que solo habían hablado con los jefes y que no existía ningún documento sobre las consultas.

De modo que la gente empezó a protestar y a movilizarse. Sin embargo, algunos miembros de la comunidad tenían un trabajo y no querían perderlo, aunque estuviera mal pagado. Se produjeron más conflictos en la comunidad y la gente debía decidir qué hacer, mientras la compañía seguía plantando cada vez más árboles.

El documental muestra todo esto. Y, por lo tanto, muestra muy bien la complejidad de los conflictos de tierras. En algunos casos, los conflictos relacionados con la tierra entrañan un robo directo de esta y las personas que habitan en ella son desalojadas por la fuerza. Pero muchas veces, las cosas son más complicadas. Y por eso, es más difícil que la gente se haga oír y que los inversores la escuchen.

Estos conflictos son un proceso dinámico: al principio, puede que la gente se vea atraída por las promesas de los inversores o simplemente se sienta abrumada por la situación (no hay que olvidar que la relación de poder no es de igual a igual). Pero luego ven lo que sucede realmente y empiezan a denunciar la situación y a oponerse a ella.

Seguir el caso de una comunidad nos ayuda a entender en qué consiste realmente el acaparamiento de tierras. Escuchar a la gente de Licole nos aleja de las discusiones académicas sobre si este tipo de proyectos de inversión generan o no ‘desarrollo’. Y nos recuerda que lo que de verdad está en juego es el derecho de las personas a decidir cómo utilizar sus recursos y cómo llevar una vida digna.

Por último –y más importante, ‘Las semillas de la discordia’ nos muestra que la gente se está organizando para luchar contra los acaparadores de tierras y reivindicar sus derechos.

 

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